y de repente el tiempo se para, la habitación se torna oscura y en el centro, como un espejismo luminoso el pañuelo representante de aquellos tiempos, imagen rescatadora de recuerdos amables, de viajes a lugares mágicos, de Roma...
El mismo pañuelo que un día adornó mi cama, me abrigó en las noches y me protegió en las caídas ese pañuelo de olor dulce que desentumeció mis alas. Ese pañuelo que ahora rodea su cuello bañado en sol, ese al que ya no puedo acercarme sin una buena escusa que apague sus miedos, mis miedos al abandono, al adiós definitivo.
Le pedí mil veces al calendario que se detuviera, que me diera tiempo para darme cuenta que un año no pasa tan despacio, que en tan solo un año pude volar muy alto, y antes de que este acabara, caí al suelo y sin poder recuperarme del golpe me ataron las alas al peso de la decepción.
Pero no, aunque ya es tarde y se hace de noche, no quiero desprenderme de esa sensación de la hierba húmeda del sol en la piel, de las caras extrañadas.
Fue un año demasiado importante, fue el año en el que aprendí a volar y caer.
Pero las cosas nunca suceden porque si, ahora sé que se puede, sé como hacerlo... Gracias por dejarme entrever el camino que siempre me negué, por haberme permitido sentir la ternura de este, por haberme aceptado cerca del tuyo, por haberte sentido, por ti caótica y dulce personita.
Despierto y vuelve la luz, ahora el pañuelo se desdibuja en un ambiente menos amable, frío agresivo, y lo único que me viene a la mente es la pregunta que en un tiempo ya pasado se nos ocurrió a los dos: ¿Habrá sido todo un sueño?


Sensacional!!!! Que bueno!! Has de buscar círculos en internet donde mover tus escritos!
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